• Gustavo Manrique Salas

ESG: la agenda de la próxima década


ESG enfrenta un reto importante en materia de reputación. Para muchos analistas, las empresas que aparentan ser ESG pueden minar la credibilidad de los reportes

Las siglas ESG (que en inglés significan Environmental, Social and Governance), su traducción al español es ambiental, social y gobernabilidad (ASG) son parte de la conversación habitual del mundo corporativo actual.

La propuesta de Informes de Sostenibilidad de la Unión Europea (Corporate Sustainability Reporting Directive - CSRD) publicada el 21 de abril de 2021, marcó un antes y un después sobre qué compañías deben reportar, cómo y con qué garantías.

El objetivo es garantizar que aporten públicamente información suficiente y adecuada sobre sus riesgos y oportunidades, así como sus impactos sobre las personas y el medioambiente.

En este contexto, surge el concepto de doble materialidad, que se refiere a identificar aquellos asuntos que desencadenan efectos financieros para la compañía, es decir, que generan o pueden generar riesgos u oportunidades que influyen en los flujos de caja futuros y, por lo tanto, en el valor de la empresa a corto, medio o largo plazo.

Según un estudio realizado en Harvard, las empresas que se hicieron cargo de los factores ESG tuvieron un incremento de 46.4% en el precio de sus acciones versus las empresas que no lo gestionaban. El mismo estudio señala también que las empresas con una gestión ESG tienen menor tendencia a la devaluación de sus acciones.

Sin embargo, ESG enfrenta un reto importante en materia de reputación. Para muchos analistas, las empresas que aparentan ser ESG pueden minar la credibilidad de los reportes. Adicionalmente surgen voces que predicen que ESG es una moda pasajera y lo asocian al capitalismo “woke” un término que desde la perspectiva corporativa puede ser entendido como “socialismo empresarial”.

Vivek Ramaswamy, autor del libro Woke, Inc: Inside Corporate America’s Social Justice Scam, ha alimentado esta conversación junto a las frenéticas reacciones de Elon Musk al decir que ESG es una estafa tras la salida de Tesla del índice ESG del S&P 500. Esta visión, sostiene un regreso inevitable a la shareholder theory de Milton Friedman que plantea que la única responsabilidad de una empresa es la de generar valor para los accionistas.

Por su parte, el famoso inversionista Peter Thiel calificó ESG como una "fábrica de odio para señalar enemigos" y a las inversiones con enfoque ambiental como "falsas".


A pesar del pataleo de algunos pocos, ESG será la vara para medir el desempeño corporativo en los próximos años y constituye la clave para el desarrollo empresarial futuro.

La doble materialidad implica una mirada externa e interna y; en este contexto, el shareholder vuelve a cobrar gran relevancia con lo cual se logra un balance a la teoría de Friedman: generar valor para los accionistas haciendo bien las cosas en materia social, ambiental y de gobierno corporativo.

El mundo corporativo cuenta innumerables historias positivas pero también negativas y en este último caso, está demostrado que algunos ejecutivos creativos pueden perder el foco de forma muy rápida para obtener beneficios de corto plazo, con sutiles y no tan sutiles distracciones morales.

ESG es una contribución sustancial para el futuro empresarial y el liderazgo responsable, es cierto que hay que afinar algunos temas pero la sostenibilidad y la transparencia no riñen con la rentabilidad, por el contrario, son y serán cada vez más la mejor garantía de éxito y crecimiento en el mercado competitivo y ante un nuevo consumidor que sitúa la sostenibilidad y los valores de las empresas en el centro de su decisión de compra.